El presidente Andrés Manuel López Obrador leyó la carta que le envió a César De Castro, abogado de Genaro García Luna, en la que reconoce que “tenía ganas de denunciarlo” por lo que consideró una difamación en su contra.
Durante su conferencia de prensa matutina en Palacio Nacional reconoció que no podrá demandar al abogado ya que existe jurisprudencia en el derecho en Estados Unidos “que protegen a los abogados”, por lo que no se les puede acusar por difamación y daño moral.
López Obrador explicó que no era viable presentar una denuncia en su contra, a pesar de que “de manera malintencionada, cuando estaba interrogando a uno de los testigos en el juicio de García Luna, le preguntó si él había sostenido, en otro tiempo, durante su proceso, que había entregado dinero al Gobierno de la Ciudad que yo encabezaba, para la campaña presidencial”.
El abogado de García Luna insistió en preguntar a Jesús Zambada en el juicio en Nueva York contra el exsecretario de seguridad sobre haber pagado alrededor de 7 millones de dólares para la campaña presidencial de AMLO en 2006, después de que el capo negara los supuestos sobornos.
Ante lo que consideró una acusación difamatoria, el presidente López Obrador envió a César de Castro una carta cuyo contenido replicamos a continuación de manera íntegra:
Ciudad de México, 27 de julio de 2023
Abogado César de Castro
Presente
Por este medio le expreso que he tomado la decisión de no presentar denuncia alguna en su contra por haberme difamado en el juicio de su cliente, Genaro García Luna, en la Corte del Distrito del estado de Nueva York.
Consulté a varios abogados y resulta que usted, de conformidad con las leyes vigentes en su país, goza de impunidad; es decir no hay sustento legal para interponer una demanda a quién, de hecho, calumnia y difama pero se encuentra protegido de acuerdo al criterio de que: “las declaraciones pertinentes realizadas en procedimientos judiciales o cuasi judiciales gozan de protección absoluta para que quienes desempeñan una función pública puedan hablar libremente para representar comprometidamente a sus clientes sin temor a represalias o riesgos financieros…”.
No omito confesarle que tenía muchas ganas de denunciarlo. No solo por cuestiones personales, sino por su actuación alevosa y arrogante de poner en duda la dignidad del presidente de México.
No obstante como, este asunto no solo es de carácter jurídico sino político y fundamentalmente moral, decidí escribirle esta carta para exhortarlo a que nunca olvide que el fin no justifica los medios; que la mentira jamás podrá prevalecer por encima de la verdad, y que lo más importante en la vida no es ni el poder ni el dinero, sino la honestidad.







