Felipe Carrillo Puerto.— Hay historias que duelen contar, y la de doña Pilar es una de ellas.
Lleva dos meses dentro del Hospital General de Felipe Carrillo Puerto, pero no porque continúe internada. Fue dada de alta desde el pasado 10 de agosto y, desde entonces, nadie ha ido por ella.
Doña Pilar llegó al hospital con una grave infección en una de sus piernas. Su estado se complicó hasta que los médicos tuvieron que realizarle una amputación infracondílea de la pierna derecha.
Hoy enfrenta una nueva etapa de su vida: una amputación, diabetes mellitus en control y la necesidad de cuidados para poder continuar adelante.
Pero hay algo que quizá duela todavía más.
No tiene quién la lleve a casa.
Los días han pasado y doña Pilar continúa ahí, viendo cómo transcurre el tiempo entre las paredes del hospital, mientras espera que alguien llegue por ella y pueda brindarle el cuidado que necesita.
Su caso vuelve a poner sobre la mesa la situación de las personas adultas mayores que, después de enfrentar una enfermedad y perder parte de su movilidad, quedan en una situación de completa vulnerabilidad.
Hoy, doña Pilar necesita un lugar donde estar, cuidados y alguien que no la deje sola.






