La icónica cooperativa mexicana Pascual, productora de las tradicionales bebidas Boing, atraviesa una de sus etapas más delicadas en décadas luego de la implementación del nuevo impuesto a productos azucarados, una medida que ha encarecido sus procesos y reducido sus márgenes de operación.
La empresa, símbolo de lucha obrera y ejemplo de autogestión laboral desde los años ochenta, podría enfrentar un riesgo real en la estabilidad de más de 4,500 familias que dependen directamente de sus plantas, distribución y operación comercial.
Boing, presente durante generaciones en tiendas de barrio, cooperativas escolares y comercios populares, no solo representa un producto con fuerte arraigo social, sino también un proyecto comunitario construido por los trabajadores que recuperaron la empresa tras un histórico conflicto sindical.
Ante este nuevo escenario, la cooperativa analiza estrategias para mitigar la carga fiscal, ajustar su modelo productivo y competir en un mercado cada vez más exigente. No obstante, especialistas advierten que, sin una adaptación financiera inmediata, la continuidad de la marca podría verse seriamente comprometida.
La situación de Boing abre un debate nacional sobre el equilibrio entre políticas de salud pública, impuestos al consumo y la supervivencia de modelos económicos solidarios que durante décadas han generado empleo digno y estable en México.






