En la comunidad maya de Chun Yah, un conflicto por tierras y ganado ha dejado a un hombre golpeado, acusado de ladrón y, sobre todo, con miedo por su vida.
Nazario Cen Aguilar, de 53 años, recuerda con voz quebrada el momento en que su siembra quedó reducida a tallos y tierra. Hace poco más de una semana, un rebaño de alrededor de 30 borregos irrumpió en su parcela de más de dos hectáreas. Allí germinaban calabaza, frijol, maíz y otras hortalizas que representaban no solo su trabajo, sino el alimento y sustento para su familia. “Se lo comieron todo”, relata.
La molestia fue inmediata. Nazario acudió ante la delegada del pueblo, Marleny Cancún Cen, para interponer su queja y exigir que el dueño del rebaño, identificado como Rogelio “N”, asumiera la responsabilidad por los daños. Sin embargo, la respuesta fue un no, presuntamente, Rogelio negó ser el propietario de los animales y se deslindó de toda obligación.
Desesperado y buscando una forma de presionar, Nazario decidió retener uno de los borregos como garantía para que le pagaran lo perdido. Pero esa acción, que él consideró un acto de justicia propia, se convirtió en su peor decisión.
De acuerdo con su testimonio, cuando se dirigía nuevamente a su parcela fue interceptado por Rogelio y otras personas. Lo golpearon, lo amenazaron y lo acusaron de ladrón. Poco después, fue entregado a las autoridades bajo la acusación de robo, mientras que el daño a su milpa quedó impune.
Ahora, además de la humillación y las lesiones, Nazario enfrenta la exigencia de devolver el animal. Nadie, hasta el momento, se ha hecho responsable de los cultivos destruidos. “Tengo miedo de que me hagan algo. Si a mí o a mi familia nos pasa algo, serán ellos los culpables”, advierte con firmeza, aunque sus ojos revelan la preocupación.
La historia de Nazario es el reflejo de los conflictos que surgen cuando la justicia comunitaria y la legal chocan, dejando a los más vulnerables atrapados entre la necesidad y el poder.






