Un momento insólito, casi místico, se vivió en la zona arqueológica de Chichén Itzá cuando un perro fue captado aullando desde lo más alto de la pirámide de Kukulkán, justo en el amanecer. La escena, difundida en video por el usuario José A.K.C. en redes sociales, rápidamente se volvió viral y ha generado un sinfín de interpretaciones entre usuarios, visitantes y estudiosos de la cultura maya.
El video muestra al can solitario, recortado contra el cielo matutino, emitiendo un largo aullido que resonó entre las antiguas piedras del sitio sagrado. Para muchos, el hecho no fue casual: algunos lo han interpretado como un saludo simbólico a los dioses mayas o una especie de conexión espiritual con el pasado ancestral de la región.
En lengua maya, el aullido de un perro se conoce como ok’olchi’ibal, y en la tradición oral puede ser visto como un anuncio, un presagio o incluso un mensaje del inframundo. Aunque no existe un consenso sobre su significado, la escena despertó una profunda sensibilidad colectiva en redes sociales, compartieron mensajes de asombro, respeto y reflexión.
“El perro nos recordó que incluso en lo más simple puede habitar lo sagrado”, comentó una usuaria en TikTok, mientras otros señalaron la necesidad de reflexionar sobre la presencia de animales en zonas arqueológicas y el respeto a estos espacios.
El evento, más allá de lo anecdótico, ha reavivado el diálogo entre lo espiritual, lo simbólico y la conexión entre humanos, naturaleza y patrimonio ancestral. Una escena inesperada que, para muchos, quedará en la memoria como un mensaje desde lo más profundo de nuestras raíces.






