Las abejas, consideradas por muchos como el animal más importante del planeta por su papel clave en la polinización, están muriendo a un ritmo alarmante en México. Según especialistas, los principales responsables de esta crisis son los agroquímicos altamente tóxicos utilizados en la agricultura, especialmente a través de fumigaciones aéreas.
Adriana Correa Benítez, experta del Departamento de Medicina y Zootecnia de Abejas, Conejos y Organismos Acuáticos de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, advirtió que el daño causado por estos productos no solo afecta a las abejas Apis mellifera —principales productoras de miel—, sino también a otros polinizadores como mariposas, murciélagos, escarabajos, colibríes y especies nativas.
“Cuando se fumiga desde avionetas, el veneno viaja hasta dos kilómetros y contamina todo a su paso. En Quintana Roo murieron colmenas enteras por el uso de Fipronil”, señaló Correa.
La especialista, con más de 40 años de trayectoria, explicó que los efectos pueden ser agudos —cuando las abejas mueren al instante— o crónicos, provocando desorientación, pérdida de pelo, vómito, espuma en la probóscide, e incluso contaminación de la colmena y de las crías, que mueren antes de desarrollarse.
Además, las reinas pierden fertilidad, los zánganos se vuelven estériles hasta en un 55%, y la colmena entera puede colapsar.
“Aunque el apicultor intente salvar la colmena, puede tardar hasta año y medio en eliminar los residuos tóxicos impregnados en la cera”, lamentó.
En 2024, México perdió el 35% de sus colmenas, lo que provocó una caída drástica en la producción de miel y obligó a muchos apicultores a abandonar la actividad. Jalisco, Campeche y Quintana Roo se encuentran entre los estados con mayores cifras de mortandad.
La experta explicó que el 75% de los alimentos que consumimos dependen de la polinización, y las abejas son responsables de más del 80% de este proceso. Cuando las fumigaciones destruyen poblaciones enteras, también se pierde flora endémica y se desequilibra el ecosistema.
Correa Benítez, participante en la elaboración de legislación apícola en varias entidades, urgió a crear leyes estatales adaptadas a cada región agrícola del país.
“No se puede aplicar la misma normativa en el norte que en el sureste. Los cultivos son diferentes y requieren estrategias distintas”, apuntó.
También hizo un llamado a prohibir los plaguicidas más tóxicos —más de 50 ya han sido vetados en Europa pero aún se usan en México— y a regular su aplicación mediante técnicos capacitados en el campo.
“No basta con vender productos ‘seguros’; hay que certificar que se usen correctamente y que no se mezclen indiscriminadamente”, advirtió.
La universitaria reconoció que el gobierno federal avanza en una Norma Mexicana para el control de agroquímicos, pero insistió en que debe mantenerse actualizada ante la constante llegada de nuevos productos al mercado.
Finalmente, expresó su esperanza en una mayor conciencia social y coordinación entre agricultores y apicultores.
“La sociedad ya se está dando cuenta del desastre ecológico. Solo falta que el campo también despierte”, concluyó.






