En un movimiento que podría redefinir el equilibrio geopolítico global, Rusia e Irán confirmaron que firmarán un acuerdo estratégico de defensa y seguridad tres días antes de la toma de posesión de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos.
El pacto, que consta de 47 puntos, ha generado especulaciones internacionales, especialmente debido al fortalecimiento de las relaciones entre Moscú y Teherán en los últimos años, marcado por el apoyo iraní a Rusia en la guerra de Ucrania mediante el suministro de drones y misiles, según reportes occidentales.
Aunque ambos gobiernos han negado que el acuerdo esté dirigido contra alguna nación específica, como Washington o Israel, el contexto de tensión entre estas potencias hace evidente el impacto que este convenio podría tener en la política global.
El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, señaló que el acuerdo tiene un carácter “constructivo”, y su objetivo es “reforzar la capacidad de defensa de ambas naciones en distintas partes del mundo”. Por su parte, el ministro iraní, Abás Araqchí, aseguró que la colaboración busca “estabilidad regional y global”, además de combatir el terrorismo y el extremismo.
La firma de este acuerdo ocurre en un momento delicado para ambas naciones, especialmente tras el exilio de Bashar al Assad en Moscú y la prolongada guerra en Ucrania. Aunque Teherán y Moscú insisten en que la alianza no es una amenaza, expertos apuntan a que esto podría aumentar las tensiones con Occidente, en particular con Estados Unidos, que ya enfrenta retos diplomáticos con ambos países.
El pacto llega también en un escenario en el que Rusia ha consolidado alianzas estratégicas similares, como el reciente acuerdo de asistencia mutua firmado con Corea del Norte, lo que refuerza la narrativa de un eje alternativo frente a la influencia estadounidense y sus aliados.






