Las tensiones políticas en Corea del Sur han alcanzado un punto álgido este viernes, cuando las autoridades intentaron ejecutar una orden de detención contra el presidente destituido Yoon Suk-yeol. La operación fue cancelada tras enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y la guardia presidencial, que bloquearon el acceso a la residencia del mandatario en Seúl.
El intento de detención se produce tras la declaración de la ley marcial por parte de Yoon en diciembre, un acto que llevó al Parlamento, dominado por la oposición, a destituirlo. La Oficina para las Investigaciones de Corrupción y la Policía movilizaron más de 150 efectivos para acceder al complejo presidencial, enfrentándose a una barrera militar que responde directamente al mandatario.
Simpatizantes de Yoon se congregaron en los alrededores de la residencia, acusando al Parlamento de fraude electoral y prometiendo no permitir el arresto. Mientras tanto, el equipo legal del presidente ha calificado la orden de detención como “ilegal” y ha advertido sobre posibles enfrentamientos si las autoridades intentan ejecutarla.
El presidente enfrenta acusaciones de abuso de poder e insurrección por la promulgación de un decreto que contenía elementos inconstitucionales. Además, altos mandos militares relacionados con la ley marcial ya han sido detenidos y acusados formalmente de intentar subvertir la Constitución.
La decisión final sobre el destino político de Yoon ahora recae en el Tribunal Constitucional, que tiene hasta junio para determinar si lo restituye o lo cesa definitivamente. Entretanto, Corea del Sur vive una profunda polarización política que amenaza con desestabilizar al país.






