DANA golpeó a la ciudad de Valencia y a sus alrededores cuando, sin previo aviso, las lluvias torrenciales provocaron una inundación que desbordó ríos y barrancos, arrastrando consigo autos, árboles y hasta puentes. Entre las historias de pérdida y angustia, resalta la de Adan Ortell Mor, un peluquero de La Torre, Valencia, quien tuvo una cita cancelada por el tráfico denso, lo que probablemente le salvó la vida. “Me dije a mí mismo: esa agua se dirige hacia aquí”, compartió, aún paleando el lodo de su casa.
Apenas una hora después, los teléfonos de los residentes emitieron una alerta de emergencia, advirtiendo a la población de fuertes lluvias y recomendando quedarse en casa. Sin embargo, ya era demasiado tarde para muchos, atrapados por el rápido avance de las aguas. En menos de ocho horas, Valencia acumuló el equivalente a un año de precipitaciones, en lo que se ha convertido en el peor desastre natural de la región en décadas. Las muertes ya superan las doscientas, y las autoridades temen que el número siga aumentando.
Este evento evoca recuerdos de la tragedia de 1957, cuando la “Gota Fría” también arrasó la región y dejó decenas de fallecidos tras el desbordamiento del río Turia. A raíz de ese desastre, la ciudad emprendió costosos proyectos para desviar el cauce del río. Sin embargo, el fenómeno se repite y, esta vez, Valencia parece haber sido tomada por sorpresa.
Advertencias ignoradas y la política en el centro de la crisis
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) había emitido alertas tempranas de lluvias intensas, elevando el nivel de alerta a rojo en algunas zonas y advirtiendo a los residentes de evitar las carreteras. Pero mientras los bomberos ya rescataban personas en áreas inundadas como Llombai, la respuesta gubernamental no fue inmediata. El presidente de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón, incluso minimizó la gravedad del temporal alrededor del mediodía, comentario que su oficina publicó en X (anteriormente Twitter) pero posteriormente eliminó.
Para las cinco de la tarde, los servicios de emergencia recibían cientos de llamadas de auxilio, desbordados por las demandas de rescate y asistencia en toda la región. Fue hasta las ocho de la noche que los teléfonos móviles de los ciudadanos sonaron con la advertencia pública, demasiado tarde para aquellos atrapados río abajo.
La furia de los ciudadanos
La descoordinación y la falta de advertencias oportunas han generado indignación en la población. Valentín Manzaneque Fernández, un residente de 70 años, expresó su descontento mientras buscaba ayuda en la ciudad. “¿Están ahí fuera sacando barro? ¿Se llenan los bolsillos para darnos esto?”, cuestionó. Él, como muchos otros, pasó dos noches durmiendo a la intemperie en una azotea antes de caminar durante horas entre el barro y los escombros para conseguir comida y agua en Valencia.
La recuperación y el espíritu de solidaridad
Con las aguas comenzando a retroceder, la recuperación será larga y compleja. Las carreteras y las vías ferroviarias están gravemente dañadas, dificultando el tránsito y la reconstrucción de la infraestructura. La autoridad ferroviaria Adif ya ha anunciado que los servicios no se reanudarán por semanas.
Sin embargo, en medio de la tragedia, la solidaridad emerge. Adan Ortell Mor y otros vecinos han comenzado a limpiar el lodo y los escombros con sus propias manos, mientras los voluntarios llegan con alimentos y materiales de ayuda. A pesar de la devastación, Mor se siente afortunado: su familia está a salvo, y para él, eso es lo más importante. “Saldremos adelante, mi familia está bien”, dijo con esperanza.
Fuente informativa: CNN






