El pasado martes, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo , presentó su Estrategia Nacional de Seguridad, un plan que busca pacificar al país y reducir la incidencia delictiva, especialmente los homicidios dolosos asociados al crimen organizado, así como delitos como extorsión, secuestro y robo con violencia.
Durante la conferencia matutina, el secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, expuso los cuatro ejes fundamentales de la estrategia: atención a las causas, consolidación de la Guardia Nacional, fortalecimiento de inteligencia e investigación, y coordinación entre el Gabinete de Seguridad y las entidades federativas.
Sheinbaum enfatizó que su enfoque no implica un regreso a la violencia contra el crimen organizado, un tema polémico durante la administración de Felipe Calderón. En lugar de eso, propuso un modelo basado en la prevención y la atención a las causas que originan la violencia. “No buscamos ejecuciones extrajudiciales, que era lo que ocurría. Vamos a usar prevención, atención a las causas, inteligencia y presencia”, declaró.
Este enfoque refleja la continuidad de la política de “abrazos no balazos” de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, el legado de López Obrador ha generado opiniones diversas sobre su efectividad. Armando Vargas, de la consultora Integral, señaló que, aunque su gobierno heredó elevados índices de homicidio, la falta de pruebas científicas que respalden la efectividad de sus políticas genera un desafío para la nueva administración.
La creación de la Subsecretaría de Inteligencia e Investigación Policial destaca como un componente clave en esta nueva estrategia. Sheinbaum confía en que este enfoque integral será esencial para abordar los problemas de seguridad en México y lograr una pacificación duradera. La pregunta que muchos se hacen es si esta estrategia, centrada en la no violencia, podrá realmente transformar la situación de seguridad en el país.






