Este 2024, Quintana Roo celebra 50 años como estado libre y soberano, un hecho fundamental que representa el crecimiento de un territorio que ha evolucionado de ser una vasta selva a convertirse en uno de los destinos turísticos más importantes del mundo.
Sin embargo, en medio de esta transformación y desarrollo, la antigua capital de la cultura maya, Carrillo Puerto, antes Santa Cruz de Bravo, sigue enfrentando un abandono que contrasta con el progreso de otras zonas de la entidad.
Felipe Carrillo Puerto, la capital histórica de los mayas rebeldes, fue en su momento el epicentro del territorio, la cuna de la resistencia indígena durante la Guerra de Castas, y la primera capital de lo que hoy es Quintana Roo.
A pesar de su importancia en la configuración del Estado, hoy parece haber sido relegada a un segundo plano. Mientras los poderes estatales se concentran en Othón P. Blanco, con su capital en Chetumal, y la atención mediática y económica recae sobre ciudades turísticas como Cancún y Playa del Carmen, Carrillo, sigue esperando su propio renacer.
Aunque en los últimos años el municipio ha sido puesta nuevamente en la lupa con proyectos como el Tren Maya, que promete reconectar a la comunidad con otras partes del país, el proyecto Puerta al Mar, y la creación de un hospital digno, ejecutados por el ex presidente federal Andrés Manuel López Obrador, a través de la gestión de la primera Gobernadora del Estado, Mara Lezama y de la presidente municipal Mary Hernández.
Pero, aún falta algo para devolverle a esta histórica ciudad el lugar que merece para contrarrestar décadas de rezago, en materia educativa, la pobreza extrema en la que se encuentran las familias de las diversas comunidades, al menos, sabemos algo, hay un avance y miras en el municipio, cuando nunca nadie lo hizo.
El legado de la cultura maya, la historia de Santa Cruz de Bravo y la lucha de sus habitantes son activos invaluables que deben ser rescatados y puestos en el centro del discurso sobre el futuro de Quintana Roo.
En este 50 aniversario, es fundamental reflexionar sobre cómo las grandes inversiones en turismo y desarrollo urbano en otros municipios no deben continuar dejando atrás a comunidades históricas como Felipe Carrillo Puerto. El Tren Maya y otras iniciativas podrían ser el catalizador que la región necesita, pero sólo si van acompañadas de políticas públicas que impulsen la educación, el empleo, la cultura y el bienestar de su población.
La capital del cultura maya, que alguna vez fue el corazón del territorio, merece ser parte del crecimiento de Quintana Roo, no sólo como un destino turístico emergente, sino como un centro cultural y social que honre su historia y fortalezca su identidad.
A medio siglo de su creación como Estado, Quintana Roo debe voltear la mirada hacia Felipe Carrillo Puerto y reconocer que el futuro de esta región no estará completo hasta que todos sus municipios, especialmente aquellos con un legado tan profundo, reciban el lugar que les corresponde.






