La Ciudad de México se ha convertido en un punto crucial para miles de migrantes que buscan asilo en Estados Unidos, creando campamentos improvisados en condiciones precarias. La reciente política de asilo de la administración Biden, que limita la solicitud de citas para asilo a través de la aplicación CBP One, ha llevado a muchos a trasladarse a la capital mexicana.
Eliezer López, un migrante venezolano de 20 años, celebró recientemente haber conseguido una cita para solicitar asilo en EE.UU., después de varios intentos fallidos. Su alegría refleja el sentimiento de muchos en estos campamentos, donde la espera puede durar semanas o meses, enfrentando hacinamiento y deficientes condiciones de higiene.
La Ciudad de México, que históricamente no era un destino común para migrantes en tránsito, ahora alberga a miles que buscan escapar de la violencia en las ciudades fronterizas del norte y de la represión en las fronteras sur de México. La aplicación CBP One se ha convertido en una herramienta esencial para la solicitud de asilo, pero sus limitaciones geográficas han hecho que la capital mexicana sea un punto de espera forzado para muchos.
A pesar de los intentos de las autoridades por desmantelar algunos de estos campamentos, la situación sigue siendo crítica. La falta de espacio en albergues y el escaso apoyo comparado con el que reciben migrantes en ciudades estadounidenses como Chicago y Nueva York agravan las dificultades de quienes buscan una nueva vida en EE.UU.
Andrew Bahena, coordinador de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes (CHIRLA), señala que esta situación es un ejemplo claro de “externalización fronteriza”, una estrategia conjunta de EE.UU. y México para trasladar la presión migratoria más al sur. Los migrantes, que se consideran solicitantes de asilo en lugar de personas sin hogar, enfrentan una lucha diaria por encontrar un refugio seguro mientras esperan una respuesta a su solicitud de asilo.






