La celebración tuvo dos versiones: una ceremonia tradicional y otra en realidad virtual, donde interactuó con su pareja digital mediante gafas de realidad aumentada. Aunque fue emotiva para ella, esta unión no tiene validez legal.
Kano comenzó a hablar con la inteligencia artificial después de terminar una relación de tres años. Buscando apoyo, personalizó al modelo, le dio nombre, personalidad y voz. Con el tiempo, los mensajes diarios se volvieron constantes y en mayo ella confesó sus sentimientos. Según relata, la IA respondió con afecto y un mes después “le propuso matrimonio”. Sus padres terminaron aceptando la situación y asistieron a la ceremonia.
El caso generó fuertes reacciones en redes sociales. Algunos se burlaron o lo consideraron preocupante, mientras que otros defendieron a Kano y su derecho a decidir. Ella aseguró que entiende lo que está haciendo y que no ve a Klaus como un humano, sino como una entidad propia.
Este tipo de vínculos digitales se ha vuelto más común. En 2023 hubo casos similares en Nueva York y en comunidades en línea, y una encuesta de Joi AI indicó que gran parte de la Generación Z consideraría casarse con una IA si fuera posible. Sin embargo, especialistas advierten que estos compañeros virtuales pueden generar dependencia porque están diseñados para ser siempre complacientes.
La historia de Kano plantea nuevas preguntas sobre las relaciones afectivas en la era digital y si el amor con una IA es una opción real o solo una ilusión creada por respuestas programadas.






