La rutina de un paseo matutino terminó en tr4g3dia para “Max”, un pastor belga que diariamente recorría el boulevard acompañado de otros canes y su dueño. La madrugada de este lunes, a la altura de la megaescultura, el perro fue 4t4c4do por un cocodrilo que emergió de la laguna, provocándole gr4ves h3rid4s y dejándolo con órg4n0s expuestos.
El 4t4qu3 ocurrió cuando el animal se acercó demasiado a la orilla, donde fue sorprendido por el reptil, identificado por vecinos como “Larry”, uno de los ejemplares que habita en la zona. Aunque el cocodrilo no logró arrastrarlo al agua, la mordida fue suficiente para poner en riesgo la vida del canino.
Una escena de dolor y alerta.
El impacto emocional fue evidente entre quienes presenciaron el ataque. La imagen de Max herido conmovió a paseantes, quienes no ocultaron su tristeza y preocupación. Este hecho pone de relieve la vulnerabilidad no sólo de las mascotas, sino también de quienes acuden diariamente a caminar, correr o ejercitarse en el bulevar.
Reflexión y responsabilidad compartida
El caso de Max debe ser visto como una llamada de atención. El hábitat natural de los cocodrilos convive con los espacios recreativos de la ciudad, lo que exige mayor responsabilidad de parte de autoridades y ciudadanos. Por un lado, es necesario reforzar la señalización y medidas de seguridad; por otro, los dueños de mascotas deben extremar precauciones, evitando que los animales se acerquen a la orilla y utilizando correas en todo momento.
La tragedia de Max nos recuerda que la convivencia entre humanos, mascotas y fauna silvestre requiere respeto, precaución y corresponsabilidad. Hoy, la vida de un compañero de cuatro patas pende de un hilo, pero su historia puede convertirse en un llamado para prevenir más accidentes.






