Gentrificación no es progreso, es despojo: Jóvenes protestan en CDMX y estalla el debate sobre expulsión y privilegios

Ciudad de México.– Cientos de jóvenes tomaron las calles de la colonia Condesa y Roma el pasado viernes en la primera protesta organizada abiertamente contra la gentrificación en la capital del país. Bajo la consigna “Gentrificación no es progreso, es despojo”, la movilización convocó a colectivos, vecinos, artistas y activistas que denuncian el encarecimiento de la vivienda, el desplazamiento forzado y la transformación de barrios populares en zonas exclusivas.

La manifestación arrancó en el Foro Lindbergh del Parque México y concluyó cerca de la Embajada de Estados Unidos. A lo largo del recorrido, se exhibieron pancartas, cartulinas y grafitis que expresaron tanto demandas legítimas por justicia habitacional como mensajes con una fuerte carga de rechazo hacia residentes extranjeros, particularmente ciudadanos estadounidenses.

Aunque la marcha se desarrolló en su mayoría de manera pacífica, un grupo separado de aproximadamente 20 personas encapuchadas atacó comercios, sucursales bancarias, cafeterías —como Starbucks— y al menos 13 inmuebles. También se reportó la destrucción de mobiliario urbano y la pinta de consignas en más de 30 fachadas, según reportó la alcaldía Cuauhtémoc.

En redes sociales, circularon imágenes de pintas con mensajes como “Gringo, go home”, “Aprende español, perro”, “Kill a gringo” y “México para los mexicanos”. Algunos de estos mensajes fueron señalados por usuarios y analistas como xenófobos y violentos. Aun así, otros letreros expresaban exigencias concretas: control de rentas, regulación de Airbnb, pago de impuestos por parte de residentes extranjeros, y defensa del derecho a una vivienda digna.

El fenómeno de la gentrificación no es exclusivo de México. De acuerdo con ONU-Hábitat, implica la transformación urbana a través del arribo de población de mayores ingresos que desplaza a los habitantes originales. En la Ciudad de México, más de 20 mil hogares de bajos ingresos son expulsados anualmente, mientras continúan trabajando y consumiendo en la capital. Esto ha generado un aumento drástico en el costo de la vida y una sobrecarga ambiental por los más de 1.5 millones de desplazamientos diarios desde zonas periféricas.

Ciudades como Barcelona, Venecia o Lisboa han vivido procesos similares, con manifestaciones antigentrificación que reclaman el derecho a habitar y permanecer en barrios tradicionales, frente al avance del turismo de masas y el capital inmobiliario global.

La protesta encendió un intenso debate digital. En redes sociales, varios sectores acusaron a los manifestantes de promover odio, vandalismo y resentimiento. Los calificativos clasistas y racistas no se hicieron esperar: “ixtapalacras”, “porros”, “chairos”, “nacos” y “mantenidos” fueron algunos de los términos usados para desacreditarlos. Por su parte, el historiador Enrique Krauze advirtió del riesgo diplomático de los mensajes violentos: “¿Se imaginan el conflicto que causaría la muerte de un ciudadano americano a manos de los agresores de la colonia Condesa?”, publicó en X.

Uno de los momentos más virales ocurrió cuando el influencer Luisito Comunica fue abucheado por los manifestantes al coincidir con la marcha. Fue acusado de contribuir al fenómeno de la gentrificación mediante su contenido y promociones. El creador de contenido tuvo que retirarse de la zona entre gritos y consignas.

Para analistas como Raúl Romero, este tipo de manifestaciones forman parte de una nueva ola de conflictividad social que conecta con otros movimientos contemporáneos: la exigencia de la jornada laboral de 40 horas, las protestas universitarias, el feminismo popular, el trabajo precario en aplicaciones y la lucha de madres buscadoras. “En vez de imaginar complots, hay que mirar hacia abajo y escuchar lo que se dice desde la calle”, afirma.

La protesta contra la gentrificación abre un debate urgente: ¿Quién tiene derecho a la ciudad? ¿Quién la habita y quién la explota? En medio de demandas legítimas, polarización y expresiones extremas, queda claro que los barrios no sólo se disputan con dinero, también con memoria, identidad y resistencia.

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Acerca dE LOS AUTORES

Foto: Los Hermanos Caamal de la Última Nota.

Los Hermanos Caamal

Jesús y Carlos Caamal, originarios de Felipe Carrillo Puerto, capital de la Zona Maya, son hablantes nativos de maya. Carlos es licenciado en Derecho y Jesús en Ciencias de la Comunicación. Juntos, iniciaron el proyecto La Última Nota en 2016, que hoy se ha consolidado como un medio de comunicación ubicado en la ciudad que los vio nacer y desarrollarse como profesionistas.

En sus inicios, sus coberturas se limitaban a transmisiones en Facebook de noticias locales, como accidentes de tránsito y eventos policiales. La aceptación del público fue tan grande que actualmente cuentan con casi 330 mil seguidores, abarcando prácticamente todo el estado de Quintana Roo, especialmente la Zona Centro.

Los hermanos Caamal se han destacado en la comunidad de Felipe Carrillo Puerto por sus labores altruistas y sociales, promoviendo la cultura maya y fomentando el desarrollo social de la comunidad. Organizan los famosos Tianguis Nocturnos, que se llevan a cabo en diversas colonias populares de la ciudad.

Una de sus actividades más loables es “Regala una sonrisa”, una iniciativa que consiste en recaudar donativos de juguetes para Navidad, destinados a niños de zonas de alta marginación. Esta actividad, que comenzó en 2018, ha crecido año tras año, llegando a más niños cada vez.