SAN IGNACIO, YUCATÁN- La tragedia finalmente alcanzó a la señora María Uvalle Padrón, quien tras dos meses de dolorosa lucha contra las secuelas de un brut4l 4t4que de dos perros pitbull, cerró los ojos para siempre.
El 17 de febrero, una mañana como cualquier otra, la abuelita de aproximadamente 70 años salió con su machete en mano para limpiar su milpa en la comisaría de San Ignacio, municipio de Progreso, Yucatán. Nunca imaginó que esa sería la última vez que vería su parcela. En cuestión de segundos, su vida cambió para siempre cuando los animales la embistieron con una furia incontrolable, mordiénd0la sin piedad. Sus gritos de auxilio se perdieron entre el viento, hasta que vecinos lograron ahuyentar a los perros, pero el daño ya estaba hecho.
Sus heridas fueron profundas, tanto en su cuerpo como en su espíritu. A pesar de los esfuerzos médicos y de su inquebrantable deseo de vivir, el sufrimiento se alargó durante semanas. Las mordidas infectadas debilitaron su organismo y, poco a poco, su cuerpo no resistió más. En medio de la angustia de su familia y con el corazón cansado de tanta lucha, María finalmente partió, dejando un vacío imposible de llenar.
El silencio de las autoridades y la incertidumbre sobre la responsabilidad de los dueños de los perros solo han sumado dolor a sus seres queridos, quienes hoy claman justicia. María no merecía un final así.






