En las cárceles de Quintana Roo, la visita familiar es un momento de alivio y conexión para muchos reclusos, pero no para las mujeres. Según declaraciones recientes, ellas viven una realidad desoladora marcada por el abandono total, tanto del sistema como de sus propias familias.
“Cuando una mujer cae a prisión, parece que cae en una total desgracia”, comentó un funcionario, destacando el drama que enfrentan las privadas de libertad. Mientras los hombres suelen recibir visitas constantes, las mujeres son dejadas al margen, invisibles incluso para sus seres queridos.
“Si alguien es abandonado en las visitas familiares, son las mujeres”, subrayó. Muchas de ellas pasan semanas, meses e incluso años sin recibir una sola visita, convirtiéndose en víctimas de un sistema judicial punitivo y de un tejido social que las olvida.
Aunque las autoridades han implementado medidas de reordenamiento en las visitas familiares, buscando fomentar una convivencia sana, esto no ha cambiado significativamente la situación de las mujeres. “Vienen a visitar a los muchachos, pero muy pocas vienen a ver a las mujeres”, lamentó el mismo funcionario.
Este abandono no solo plantea serias dudas sobre la efectividad de un sistema que debería priorizar la rehabilitación, sino que también deja entrever el estigma social que enfrentan las mujeres tras las rejas. Al parecer, el castigo para ellas no termina con la sentencia judicial, sino que continúa en forma de olvido y aislamiento.
La situación exige un análisis profundo y acciones concretas para garantizar que estas mujeres no enfrenten un doble castigo y puedan acceder a un entorno que favorezca su reintegración a la sociedad.






