En la exuberante zona arqueológica de Dzibanché, Quintana Roo, un equipo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha revelado uno de los hallazgos más significativos para la historia y arqueología de la civilización maya: tres fachadas con relieves estucados que presentan escenas sobre la dinastía Kaanu’l, antigua y poderosa línea gobernante. Este descubrimiento se produjo en el contexto de las obras del Tren Maya, bajo el Programa de Mejoramiento de Zonas Arqueológicas (Promeza), y se espera que aporte una nueva perspectiva sobre la estructura y simbología de las antiguas élites mayas.
Las tres fachadas halladas, decoradas con motivos mitológicos y símbolos de linaje, destacan por su complejidad. Las estructuras están situadas en el Juego de Pelota II y se caracterizan por sus escenas de guardianes, serpientes entrelazadas y otros animales simbólicos vinculados con las constelaciones, según explica Sandra Balanzario Granados, responsable del Promeza en Dzibanché. En una de las fachadas, se observan figuras de guardianes junto a un pedestal que alguna vez sostuvo una escultura representativa de un gobernante Kaanu’l. Otra fachada muestra ancestros mayas rodeados de estrellas y serpientes, símbolos frecuentes en las iconografías maya y teotihuacana. La tercera fachada expone un conjunto de animales mitológicos conectados con el cosmos.
La presencia de serpientes entrelazadas, común a las tres fachadas, evidencia la intención de los gobernantes de Dzibanché de reafirmar su estatus y linaje. Estas figuras de reptiles tenían connotaciones divinas en la antigua cultura maya, donde los gobernantes eran considerados representantes de las deidades. Las fachadas miden aproximadamente 3 metros de largo y 1,6 metros de altura, y aunque se han capturado imágenes detalladas para su conservación, no se ha decidido aún si los relieves quedarán expuestos al público.
El significado detrás de las escenas descubiertas
Estas escenas representan uno de los conjuntos decorativos más elaborados en un juego de pelota, un tipo de espacio ceremonial y ritual de gran importancia en la cultura maya. Los expertos subrayan que hasta el momento no se había encontrado una decoración tan compleja en este tipo de edificios, lo cual ofrece una nueva visión sobre la cosmovisión y la estructura política de Dzibanché en relación con otras ciudades de la región.
El impacto del Programa de Mejoramiento de Zonas Arqueológicas (Promeza)
El descubrimiento es fruto del trabajo del Promeza, que ha permitido ampliar las investigaciones en Dzibanché. Desde diciembre de 2023, un equipo de 98 personas—incluyendo arqueólogos, restauradores, arquitectos y antropólogos físicos—ha estado trabajando para preservar estas piezas arqueológicas, cuya restauración demanda atención meticulosa debido a la fragilidad de los materiales estucados. Los relieves, que aún conservan restos de pigmentos rojos, azules, amarillos y negros, son extremadamente vulnerables a las condiciones de intemperie y humedad.
Además de estos relieves, Promeza ha avanzado en la restauración y consolidación de otras estructuras en Dzibanché, incluyendo el Templo del Búho y el Templo de los Cormoranes, y ha impulsado exploraciones en los conjuntos Tutil y Lamay, áreas que han arrojado información sobre la organización y expansión de esta antigua ciudad maya.
El legado de Dzibanché y la dinastía Kaanu’l
Fundada entre el 300 y 1200 d.C., Dzibanché fue una de las ciudades más prominentes de la civilización maya. Su nombre, que significa “escritura sobre madera”, alude a los símbolos calendáricos encontrados en el Templo de los Dinteles. La ciudad se organizaba en cuatro grupos arquitectónicos interconectados por sacbeob, antiguos caminos blancos que facilitaban la comunicación y la organización social.
En su apogeo, entre los años 250 y 600, Dzibanché fue un centro de poder y comercio, y la dinastía Kaanu’l, cuyo símbolo era la serpiente (ka’an en maya), fue crucial en su desarrollo. La influencia de esta dinastía se extendió a lo largo de México, Belice y Guatemala, consolidándose en Dzibanché y posteriormente en Calakmul. Hoy en día, los vestigios de esta dinastía permiten vislumbrar la organización, religión y cosmovisión de una sociedad que percibía a sus gobernantes como figuras divinas.
Perspectivas para el futuro
Este descubrimiento resalta la importancia de Dzibanché como centro cultural y arqueológico y pone de manifiesto el valor de iniciativas como el Promeza, que permiten recuperar y conservar elementos claves de la historia prehispánica en un entorno de creciente interés turístico. La inclusión de Dzibanché en la ruta del Tren Maya promete facilitar el acceso a este fascinante legado, haciendo de Quintana Roo un destino aún más atractivo para los amantes de la arqueología y la cultura maya.






