
En la comunidad de San Felipe I, un grupo de mujeres emprendedoras está luchando por mantener a flote un proyecto que inició hace casi tres décadas. Beneficiadas por el programa federal “Mujeres en Solidaridad”, estas mujeres pusieron en marcha un pequeño molino, que posteriormente también se convirtió en una tortillería. Sin embargo, hoy enfrentan desafíos significativos que amenazan la supervivencia de su negocio.
Gilda Maribel Canché Caamal, una de las socias fundadoras, recordó que al inicio ocho mujeres fueron beneficiadas con el programa para adquirir el molino. Con el tiempo, el grupo creció hasta contar con 18 socias, pero actualmente solo quedan cuatro. Estas valientes emprendedoras luchan diariamente para mantener el negocio y competir en un mercado cada vez más desafiante.
“Con trabajo vendemos 30 kilos. ¿Cómo vamos a crecer nuestro negocio?” expresó Gilda, señalando la necesidad urgente de recibir apoyo gubernamental para poder seguir adelante. Desde que recibieron el primer impulso, ninguna autoridad ha dado seguimiento a los proyectos que emprendieron.
“Quisiéramos tener algún apoyo para poder remodelar el negocio, porque en todos estos años hemos sido nosotras solas las que hemos hecho todo,” concluyó.
La historia de estas mujeres es un reflejo de la tenacidad y el espíritu emprendedor de la comunidad, pero también una llamada de atención sobre la necesidad de políticas de seguimiento y apoyo continuo para los pequeños negocios locales, especialmente aquellos liderados por mujeres en áreas rurales.
Fuente: Noticaribe






